Hijos de Literatura Eléctrica (Vol. 3)

Todas las habitaciones de la antigua casa estaban llenas de discos. Los había hacinados en las estanterías, dejados caer sobre las mesas vacías del comedor o clasificados en cajas de cartón con referencias escritas con rotulador negro sobre sus tapas. Cada uno de aquellos valiosos elepés describía un estado por el que ella había pasado en algún instante de su, por otra parte, corta vida.
Esa noche comenzó a ordenarlos de manera cronológica añadiendo además un filtro para agruparlos según la persona a la que hubiese estado queriendo en ese momento. De esta manera podía construirse un mapa sonoro de cada relación sentimental por la que hubiese pasado. Su relación con Marc ocupaba casi todos los estantes de la habitación principal, no podía ser de otra manera, pues fue quizá el único hombre con el que realmente había estado.
Podía ver, con asombrosa clarividencia, como durante los primeros meses de su amor recorrían el camino al ritmo del Here comes the sun de los Beatles o el Good vibrations de los Beach Boys , aunque también tenían tiempo para momentos más calientes y próximos como el Miss you de los Stones o el emotionally yours de Dylan. Cualquiera pagaría por un principio así.
En la segunda fase de su vida en común, Sara sufrió la pérdida de su madre. Esto se reflejaba más o menos a la altura del segundo estante cuando las canciones de Elvis daban paso al Mother de Lennon o a The End de los Doors. Fue un golpe muy duro para Sara y de manera involuntaria también lo fue para su relación con Marc.
Las habitaciones contiguas comprendían un período oscuro que partía desde el Downtown train de Tom Waits hasta el World Without Tears de Lucinda Williams. Supongo que ese debió de ser el tiempo que Sara pasó intentando salvar su vida con Marc. No lo consiguió. La canción que cerró su romance fue, curiosamente, el Haleluya de Leonard Cohen funcionando quizá como una puerta abierta hacia algo mejor.
De eso más o menos hace tres años. Hoy hemos estrenado nuestra nueva casa y Sara me ha propuesto ordenar juntos los discos. Al parecer todo marcha bien, no sólo ha colocado en primer lugar un disco mío sino que además, ha dejado todos sus estantes vacíos.

1 comentari:

Pitufet ha dit...

Buen relato, con importantes y abundantes referencias a la música. No he escuchado el Hallelujah de Leonard Cohen, pero recomiendo seriamente escuchar la canción con ese mismo nombre de Jeff Buckley, toda una maravilla.