Paul Bowles, nacido en Nueva York en 1910 y fallecido en Tánger en 1999, compositor y escritor, presentó, tras el éxito de El cielo protector, de 1950, su segunda novela en 1952, Déjala que caiga, título inspirado, como el mismo autor confiesa, en unas palabras encontradas en la obra de William Shakespeare Macbeth. Una historia en la cual un ser inexistente llamado Dyar buscará su existencia por las calles de la Zona Internacional, la actual Tánger; una historia a primera vista muy prometedora pero que, en opinión propia, toca el fracaso, sobre todo, por un estilo a veces anodino. Les dejo una cita para que juzguen ustedes mismos:
Dyar se sentía aún descentrado: no era nadie, y estaba allí de pie en medio de un país inexistente. La ciudad era una falsificación: una sala de espera entre conexiones, una transición de una manera de ser a otra, algo que, de momento, no era ninguna de las dos cosas, no era nada. (…) Un poco más allá de las afueras se hallaba la frontera de la Zona Internacional y, detrás, las montañas. Dyar se vio a sí mismo como un prisionero que ha rota la primera barra de su celda, pero se encuentra todavía dentro. Y la libertad no estaba a la venta por 390 dólares.


